En los años '40 existía una creencia cultural de que las compañias de computadoras vendían máquinas y servicios, mientras que las compañias de telecomunicaciones operaban redes, y ningún de esos sectores se entrometía en la actividad del otro.
Pero en los años '60 surgieron ciertas innovaciones, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA) del Ministerio de Defensa de EE. UU. ansiaba por emplear las máquinas IBM 360/91 codiciadas por sus procesadores veloces y gran memoria. Con la esperanza de colocar al pais en posición de ventaja con respecto a la Unión Soviética durante la Guerra Fría y la carrera espacial, los EE. UU financiaban cuantiosamente la investigación informática.
El problema radicaba en que las máquinas IBM 360/91 eran pésimas para las comunicaciones, porque no estaban hechas para ese objetivo. La imaginación de los investigadores de ARPA los llevo a pensar algo flexible, acceder a cualquier máquina independientemente de su fabricante o ubicación.
En aquellos años, AT&T no permitía que se conectará a su red ningún equipo que no fuera de su fabricación.
Bob Braden, ingeniero en computación con el financiamiento de ARPA adoptó una nueva tecnología radical en telecomunicaciones, conocida como conmutación de paquetes. Los paquetes podían dividirse y pasar por distintas líneas y computadoras intermedias hasta llegar al destino, donde la computadora destino rearmaba los paquetes.
Este sistema hacia uso eficiente de los recursos de la red y era resistente. Si un enemigo de la Unión Soviética lograba interceptar parte de la red, los paquetes eludían el tramo afectado y llegaban a destino sin problemas. Cualquier red de conmutación de paquetes podría sobrevivir a un ataque nuclear como no lo haría una red telefónica.
Libro consultado: Trabajando por un mundo mejor, de Kevin Maney, Hamm, O´brienn.
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